Héctor

"¡Lo adoro a mi Héctor Manuelito!" (Silvia Prado Loayza)
HÉCTOR Y SILVIA
Por: Héctor Manuel Guerrero Espinoza - http://hegueresp.blogspot.com

Cómo conocí a Silvia y fui conquistado con su música
Conocí a Silvia Prado Loayza en 1996, al presentarnos al examen de ingreso al Conservatorio Nacional de Música a la especialidad de Composición. Los dos ingresamos juntos e iniciamos una gran amistad que luego se convertiría en un gran amor, tan inmenso como el mar en el cual a ambos nos gustaba tanto nadar.
¡Ah, Silvia mía, cuánto me alegré de que hayamos ingresado juntos a la especialidad de Composición en el CNM, pues gracias a eso es que tuve una profunda doble dicha: iniciar una carrera de mi gusto y el conocerte y amarte!
Pero mi romance con Silvia no empezó todavía, no fue una atracción y un amor a primera vista; es más, al comienzo no la vi más que como una amiga y ni me pasó por la mente la idea de amarla, pues no la consideraba mi tipo de chica ideal, ya que francamente Silvia no era tan linda de cara como la dulce niña pianista Beth March que siempre dibujaba yo. Claro que tampoco era fea, pues de ser así, jamás me habría gustado ni la habría yo amado.
No obstante, sentí curiosidad por saber si Silvia tenía novio, y para averiguarlo se lo interrogué, pero de manera indirecta, a fin de que no vaya a creer que tenía yo interés por ella.
-Y dime, Silvia, ¿tu enamorado también se dedica a la música? -le pregunté.
-No, Héctor, yo no tengo enamorado -contestó ella, sonriendo dulcemente.
Pasaron unos días, empezaron las clases del 1o Ciclo y desde el principio estuvimos juntos; al salir de las clases la acompañaba yo a salir por las cercanías del CNM, en Monterrico.
Al conocer yo los antecedentes musicales de su extraordinaria vida, mi alma se llenó de una profunda admiración y devoción por esta maravillosa y gran maestra musical. Dotada de una magnífica musicalidad, Silvia me mostró sus grandes habilidades como pianista, cantante y compositora.


Silvia vestía de una manera muy peculiar como si no quisiera lucir su feminidad; llevaba un pantaloncito marrón, chompa negra, chaleco verde y boina magenta, como una pintora artística. Pero me flechó con su dulzura, talento y musicalidad.

Al principio nada me hizo presagiar que fuera a atraerme aquella muchachita pianista dulce y algo tímida que vestía de una forma un tanto excéntrica, fuera de lo común y corriente. Pero ya llevábamos por lo menos dos semanas desde que nos conocimos y ya nos habíamos hecho amigos cuando nació la atracción mutua.
El día en que oficialmente Silvia me empezó a gustar fue el 18 de abril por la noche, cuando esperábamos en un aula que empiece la clase del curso de Técnicas y Métodos de Estudio, con el profesor Jorge Zorrilla, en el aula contigua. Silvia estaba sentada ante el piano de cola de la pequeña aula y yo sentado en una silla a su derecha. Tocó en el piano "Adiós, Nonino" del argentino Astor Piazolla (cuya parte inicial me sonaba a marinera peruana o cueca chilena) y luego "Choro No 1" del brasilero Heitor Villalobos. En ese momento fue cuando empecé a sentir por Silvia algo más que un simple sentimiento de amistad, pero no le dije nada; aplaudí su magistral interpretación y ella me dio las gracias con su dulce vocecita de niña encantadora. Luego me puse de pie y me acerqué al piano, colocándome al lado izquierdo de ella; aquí fue cuando por primera vez la escuché cantar. Descubrí que a sus dotes de pianista se sumaban las de cantante; por cierto, Silvia cantaba con su voz dulce y natural y no con la voz chillona, escandalosa y estridente de las sopranos de la especialidad de Canto, las óperas y el mal llamado "bel canto" que tanto he detestado siempre.
Silvia tocó y cantó la canción popular francesa "Campos Elíseos", y fue entonces cuando mi atracción por ella aumentó y empecé a sentir una felicidad intensa por haberla conocido y una predisposición al amor. Cuando entramos al aula de al lado para la clase de Técnicas y Métodos de Estudio, Silvia y yo nos sentamos juntos y durante toda la clase me sentí entre las nubes de la felicidad con respecto a ella, por primera vez en mi vida.



Al principio creí que Silvia era millonaria, gastaba su dinero a manos llenas en comprar comida en las tiendas aledañas al CNM y me invitaba con mucha dadivosidad. En el auditorio, Silvia tocó en el piano "Sentimentale" de Claude Bolling junto con Jaime Taramona en la trompeta.

Tras la admiración por su talento vino el amor; Silvia me conquistó con la música. Fue al día siguiente, cuando tocó y cantó "Sentimentale", una pieza de jazz para flauta y piano de Claude Bolling, que tenía una intensa profundidad armónica que la hacía una obra bellísima; al igual que los días anteriores, Silvia me cautivó con la belleza de la música que sus adorables manos arrancaban al piano mientras con su dulce y tierna vocecita de niña preciosa cantaba la parte de la flauta; fue así cómo la gran belleza de esta música interpretada por esta querida nueva amiga y maestra musical hizo que mi corazón sintiera por primera vez el amor por ella. Pero todavía no se lo expresé, a pesar de que ganas de besarla no me faltaban.
Al otro día Silvia tocó la misma pieza en el piano de cola del auditorio del CNM, y la melodía de la flauta fue interpretada en la trompeta por nuestro amigo, el alumno Jaime Taramona Briones.
Las piezas para piano con las que, sin proponérselo, Silvia hizo que yo me enamorara profundamente de ella, al verla y escucharla tocarlas y cantarlas, fueron específicamente: "Campos Elíseos"; "Sentimentale" e "Irlandaise" de Claude Bolling; "Padre Nuestro" y "Danos Tu luz" de su colegio; "Adiós, Nonino" de Astor Piazzola; "Choro No 1" de Heitor Villalobos; "Autumn leaves"; "Rasguñan las piedras" de Charly García. Así fue cómo la música fue uno de los factores que hicieron que yo me enamorara sinceramente de Silvia.
SEÑOR TU QUE BRILLAS ----EN LAS TINIEBLAS ---DANOS TU LUZ
1) Mi corazón-----esta sangrando -me siento lejos-- lejos de ti
2) En esta no-che sigo tus pasos -aunque o vea ----clara tu luz
3)Pronto vendrá --el nuevo día ------amanecer ---de eterna luz
SEÑOR TU QUE BRILLAS ----EN LAS TINIEBLAS ---DANOS TU LUZ
4) La vida es triste---- si tu nos dejas -si tu nos dejas --solos sin ti.
5) Guíanos ----tú----- por esta vida ---por esta vida ---hasta la luz.
6) Nace en nosotros -paz y esperanza juntos veremos -la luz sin fin.
Otro factor fue su personalidad, pues Silvia era una muchachita verdaderamente encantadora, que la hacían parecerse mucho a mi chica ideal, la niña pianista Beth March de la novela "Mujercitas" de Louisa May Alcott (http://bethtocaelpiano.blogspot.com), a la muñeca Barbie (www.barbie.com), que es un dechado de perfecciones no sólo físicas sino también intelectuales y morales, y a Betty Cooper, la dulce, bella y rubia amiga y enamorada de Archie Andrews (www.archiecomics.com). Silvia tenía una vocecita de niña muy dulce, femenina, tierna y acariciadora, ademanes suaves y delicados, carácter enternecedoramente bondadoso y dulce como la miel, y un alma de extraordinaria nobleza.


 Silvia tocando el piano ante el busto de Beethoven.

Fin de mi relación sentimental con mi novia anterior, la gatita maldita Elena
Elena Quíchiz Hidalgo (la gatita del feo apellido a quien conocí en agosto de 1995 en el Coro UNI) me había causado varias veces muchos problemas agrediéndome verbalmente sin razón aparente, como una loca. Estando yo a las puertas del Examen de Admisión del Conservatorio en febrero de 1996, Elena me peleó una vez más, justo ahora cuando yo necesitaba más tranquilidad que nunca. Fue entonces cuando decidí terminar esta relación. Pero ella se arrepintió, me llamó por teléfono, y al darse cuenta de mi decisión, vino a mi casa al borde de las lágrimas a rogarme que la perdonara; me mintió, además, diciendo que Alex (su estúpido hermano que tenía cara de idiota y me odiaba sin motivo) no era su hermano, pues se apellidaba Salas, y no Quíchiz como ella. Era de noche, y tarde, y al verla llorando me compadecí profundamente de la pobre gatita, la perdoné, y seguimos juntos un tiempo más. Pero ya agonizaba mi incipiente y pobre amor por ella (que, por cierto, nunca fue un amor grande), pues Elena había hecho grandes méritos para que yo deje de quererla; además, al poco tiempo volvió a las andadas.
Por ello, cuando conocí a la pianista Silvia Prado, y al darme cuenta de sus maravillosos encantos como pianista y como persona, fui conquistado, me enamoré perdidamente de ella siendo mi amor correspondido, y entonces abandoné a Elena, esta vez sí para siempre. Elena me persiguió un tiempo más, pero ahora sí me mantuve firme, hasta que finalmente una tarde Elena se dio el trabajo de ir al local del Conservatorio en Monterrico para buscarme; al salir Silvia y yo terminadas las clases me encontré con Elena, que estaba sentada en la portería y me saludó sonriendo cínicamente; al verla, mi reacción fue no hacerle caso e irme con mi Silvia a su casa, los dos tomados de la mano, y llevando yo en el camino mucho que contarle a mi nueva novia acerca de aquella gata ingrata e hipócrita; la cual, tras este suceso infortunado para ella, desapareció por fin de mi vida, llorando.


 Silvia se negó a probar los chicles reventones que le ofrecí cuando nos enamoramos.
  
 Silvia era trilingüe, pues además del idioma español sabía también inglés y francés; los había estudiado en el ICPNA y en la Alianza Francesa, respectivamente.

Descripción de Silvia por mi amigo guitarrista Hernán Siesquén Vásquez
Conocí brevemente a Silvia Prado Loayza en el Conservatorio, en el patio del histórico local de la av. Emancipación 180, por intermedio de Enzo, uno de mis mejores amigos y compañero de la especialidad de Guitarra, el año que ingresé. Ella buscaba un guitarrista para una presentación de su grupo de jazz o bossa nova, lamentablemente no se dio. Su look de aquella época llamaba la atención, llevaba unas gafas oscuras inmensas y un vestido estilo hindú que le cubría todo excepto la cara. Pero esa aparente excentricidad y timidez que la primera impresión me causó, se desvaneció cuando empezamos a conversar; su natural inteligencia femenina puso en evidencia un mundo interior sutil, complejo y cargado de humor. Años más tarde, en 1996, la identifiqué solamente porque el profesor Pedro Seiji Asato la llamó para sus clases de Composición, mientras yo daba en un rincón de ese mismo salón un examen de Contrapunto. Puedo recordar la gran energía con la que Silvia tocaba en el piano una de sus composiciones, típica de los seres delicados y de gran sensibilidad. Ella terminó su clase, y como de costumbre, yo pedía más tiempo para concluir mi examen, mientras ella se marchaba tomada de la mano con su enamorado Héctor Guerrero Espinoza, también alumno de la especialidad de Composición como ella y uno de los amigos más rayados y entrañables que conozco. ¿Y qué guitarrista no conoce a su talentoso hermano Andrés Prado Loayza, ese otro loco virtuoso de las cuerdas que suele nadar a través de los estilos musicales como si tuviese branquias?

El auditorio del Conservatorio en el local de Monterrico, donde el CNM estuvo de 1994 a 1997.
Flores y besos de Héctor para la gran maestrita musical: eso le habría yo dado a Silvia de haberla conocido en su etapa escolar, me habría enamorado de ella desde entonces.

Mi relación sentimental con mi nueva novia Silvia Prado
Silvia fue una amiga y enamorada sumamente cariñosa y extremadamente tierna, que siempre me trataba y hablaba con muchísima ternura, mi rostro era feliz blanco de sus labios que me besaban a cada rato, sus ojos hermosos y melancólicos me miraban con amor profundo y sus manos de pianista virtuosa siempre estaban prestas a cubrirme de tiernas y suaves caricias. Y su vocecita también me acariciaba las orejitas, es decir, los oídos, tanto al hablarme como al cantarme tocando el piano. Naturalmente yo siempre fui muy cariñoso con ella, la traté con la misma ternura con la que me trataba, pues me nacía ser así con ella; el inmenso afecto con el que siempre la traté provenía en realidad de ella misma, su persona irradiaba tanta ternura y amor que era imposible no ser igualmente dulce con ella.
A pesar de su encanto y talento que le hacía ganarse la admiración y el afecto de cuantos la conocían, Silvia era muy modesta y nunca persiguió la fama. Tampoco tenía amigos de su edad con quienes verse constantemente. Silvia no tenía más amigos que yo, sus familiares, los niños y el personal del Hogar Santa María y de los colegios donde ella y su madre enseñaban música. Fuera de ello, era solitaria como una ostrita, yo fui prácticamente su único amigo, pero llené su soledad con mi amistad y mi intenso amor y devoción por ella. Por supuesto, durante nuestro noviazgo yo hice todos mis mejores esfuerzos porque ella socialice y gane amigos. Silvia fue muy feliz conmigo; ella, al igual que yo, supimos amarnos y entregarnos por entero mutuamente.

Nuestro primer beso
El local del Conservatorio estaba casi al final de la av. Angamos (Prolongación Primavera), en Monterrico; cuando Silvia y yo salíamos de las clases, ya de noche, nos sentábamos en un banco de un parque cercano, y conversábamos mucho.
Aquí fue la primera vez que la vi llorar a Silvia, pues padecía de depresión crónica desde que cuando ella tenía 15 años murió su abuelo materno a quien ella quería mucho, Héctor Loayza Guerra; me contó que también tuvo anorexia nerviosa, llegó a pesar 33 kilos (la edad de Cristo, según ella misma me lo decía) y que estuvo al borde del suicidio.
Profundamente conmovido por su llanto, la consolé cuanto pude. Pero como yo ya estaba enamorado de ella, la abracé estrechamente y después de calmarla y tranquilizarla lo mejor que pude, fue entonces cuando nos dimos nuestro primer beso, con su dulce carita ahora saladita por estar empapada en lágrimas.
Reconfortada por mi cariño, Silvia se calmó completamente, se secó la cara y por primera vez nos declaramos mutuamente:
-Te amo, Silvita linda, te quiero muchísimo. ¿Me amas tú también a mí?
-Sí, Héctor, yo también te amo -me dijo ella dulcemente.
-¿De veras me quieres? ¿No me quieres? ¿Mucho? ¿Porquito? Digo... ¿Poquito? ¿Nada?
-Bastante. Te amo mucho, muchísimo, mi amado Hectitor.
Nos besamos nuevamente, nos fuimos tomados de la mano muy enamorados y ella me llevó por primera vez a su casa, quedando yo admirado por el gran tamaño de la misma. Silvia vivía en la urbanización La Calera de la Merced, en Surquillo; su casa era muy grande y moderna, y no faltaba espacio para vivir y desarrollarse, a diferencia de mi casa, que es pequeña.
Al ir a la casa de Silvia, ella me presentó a sus padres Raimundo Prado y Silvia Loayza, a su tía María Prado y su hermano Andrés Prado; cuando lo saludé, temí que él también fuese celoso de su hermana (como Alex Quíchiz por mi ex, su hermana Elena); felizmente no fue así, Andrés era una muy buena persona, y además también tenía una pareja a quien querer, una bella chica inglesa llamada Anna, con la cual acababa de tener una hijita llamada Katherine.

Silvio Rodríguez
Por quien merece amor - Silvio Rodríguez www.youtube.com/watch?v=1NgkIXEZGrU
"¿Te molesta mi amor?" Esta hermosísima canción del gran músico cubano Silvio Rodríguez está directamente ligada al amor entre Silvia y yo. Ella me la hizo conocer el año nuevo 1997, la asoció conmigo en su mente y siempre la escuchaba ella cuando estaba sola, llorando por mi ausencia y añorando mi próxima venida. Ahora es a mí a quien le toca llorar al escucharla, solo y añorando su presencia que ya nunca más estará.
Pequeño diálogo acerca de la canción:
-Silvia querida, ¿y a ti te molesta mi amor?
-Ja, ja, ja. No, para nada, mi Hectitor, al contrario, te adoro.
-Yo también te quiero mucho, muchísimo, mi adorada Silvita.
Y nos abrazábamos y besábamos muy estrechamente escuchando esta linda música. ¡Qué felices fuimos!

Las canciones de Silvio Rodríguez "Por quien merece más amor" y "Mi unicornio azul" hicieron que al escucharlas nos acordásemos mutuamente uno del otro. Respecto a la segunda canción hubo otro pequeño diálogo:
-Tú eres mi unicornio azul del que habla esta canción, mi amor -me dijo Silvia con mucho cariño.
-Sí, gracias, pero eso me suena a que tengo un cuerno, pero tú eres fiel, Silvia.
-Ja, ja, ja, te entiendo, mi Héctor, pero no te preocupes, no me ofendí.
-Gracias, Silvia, entiendo tu intención poética de considerarme tu unicornio azul a quien tanto amas.


Fiesta en la casa del escultor Víctor Delfín.

Casa de Víctor Delfín
En 1997 fui con Silvia y su mamá a la boda civil de nuestro amigo, el pianista Fernando Torres Morán con su novia Madeleine Jones. La fiesta se realizó en la Casa-Taller del escultor Víctor Delfín, en la calle Domeyer 266 - Barranco. Algunos otros alumnos del Conservatorio también estaban presentes. Crucé el jardín y me coloqué en el mirador que daba al acantilado, frente al mar; quise que Silvia baje también allí conmigo, pero ella se negó, pues tenía miedo de caerse, pese a que el mirador tenía barandas que lo hacían un lugar seguro.
Silvia se lució con su belleza, pues llevó su hermoso vestido rojo de gala gracias al cual lucía su preciosa y delgada figura que tanto me encantaba: su cuellito de cisne y sus hombros y brazos desnudos. Y cuánto más hermoso aún habría sido que allí hubiera un piano y ella lo tocara. Estaba tan delgadita que comió con gran apetito los pasteles que estaban disponibles a discreción.
Después de la reunión, los tres fuimos con unos amigos de Fernando y Madeleine a comer anticuchos en uno de los restaurantes de la bajada a las playas de Barranco, cerca al Puente de los Suspiros. Allí Silvia, luciendo su hermosa esbeltez, se sintió más admiradora de mí al inventar yo un nuevo y genial trago, pero sin alcohol: mezclar café con Inca Kola, lo cual le daba un sabor nuevo y raro, pero muy sabroso, mientras que el aspecto que adquiría era el de cerveza rubia.

La alumna de la especialidad de piano, Fabiola Meza Domínguez, contó a Héctor que un niño alumno suyo se enamoró de ella, por ser una hermosa pianista. Cuando Héctor le contó esa anécdota a Silvia temió que a ella le pase lo mismo y que él tenga un rival infantil de amores.

Poema de amor de Silvia escrito a mano por ella para Héctor e ilustrado por él para ella.
  
Héctor y Silvia en la sala de su casa y su equipo de sonido.

Silvia Prado Loayza, estrella musical en vivo, presentando una nueva obra que era la continuación de su pieza "Dulce hambre".

Diferencia entre las profesoras de piano a quienes Silvia conoció: la progresista Elena Ichikawa y la elitista Lydia Hung, ésta última de cuya pésima gestión como directora del CNM Héctor fue precisamente una víctima.

Mis proyectos de vida con Silvia Prado Loayza
Todas mis cosas que siempre las quise compartir con la chica destinada a ser el amor de mi vida, las planeaba yo compartir con Silvia, por ser la persona elegida para estar conmigo. Cierto que ya compartí con ella muchas de mis cosas y logros, pero aún tenía yo mucho más que compartir con ella para verla feliz como ella merecía. Todo lo mío iba también a ser suyo, yo le iba a dar todas mis cosas, porque la amo de todo corazón.
Yo tenía muchos proyectos para realizar con Silvia, tanto musicales como matrimoniales.
-Habiéndola incorporado al mundo del home studio y la música electrónica con la compra de su teclado MIDI para su PC, adquisición de la cual Silvia estaba feliz, mi plan era ser su maestro de tecnología musical; enseñarle durante el verano todo lo que aprendí e investigué durante los últimos años, compartir con ella todo el material elaborado: varios libros relacionados con la música electrónica, el MIDI, y que se pueden descargar de la carpeta "Home Studio" de mi SkyDrive; también planeaba compartir con Silvia muchos archivos MIDI que conseguí y coleccioné, que le podrían servir de ejemplos para su aprendizaje de la secuenciación musical MIDI.
-Compartir con Silvia mis composiciones tonales secuenciadas en formato MIDI.
-Ayudar a Silvia a secuenciar sus propias obras musicales también, pues ella escribió geniales e inéditas piezas, como: "Las calles de mi ciudad" (pop-rock magistral que, por lo pronto, ya le tenía yo secuenciado y ampliado), "Dulce Hambre", "Café Stress", "Héctor mi amado", "Dulce Vómito".
-Retomar el piano, para lo cual planeaba yo recibir clases de piano de parte de mi misma novia Silvia.
-Trabajar, ampliar, mejorar y ensayar nuestras obras y formar un grupo musical con el cual cogeríamos la fama por los cabellos y nos daríamos a conocer a todo el mundo.
-Comprar a Silvia blusas de verano con escote y tiritas, a fin de que luzca su belleza corporal, su cuellito, sus hombros y sus brazos delgados y desnudos, como lo hacen las chicas lindas durante el verano. También comprarle un bikini multicolor como una opción a su ropa de baño de una sola pieza.
-Comprar a Silvia un vestido de noche elegante, glamoroso y escotadito, a fin de que se la vea linda como a Beth, y de sus recitales de piano, si lo deseaba, vestida así de gala, como una hermosísima anfitriona pianista, pues una maestra musical tan grandiosa como mi Silvia merecía ese honor de lucir su belleza no sólo musical sino también corporal.
-Comprar una videocámara digital, filmar a Silvia tocando el piano y crearle un canal en YouTube para subir en él los videos de sus magistrales interpretaciones de piano y canto.
-Pasearme con Silvia en nuestro tiempo libre por Barranco, tanto de día como de noche, comer juntos en el Mirador de Barranco y compartir ese momento tan especial frente al mar.
-Ir a la playa con Silvia como ella tanto lo deseaba, y asolearme y nadar con ella en el mar.
-Compartir con Silvia la música en MP3, especialmente aquellos fragmentos musicales grabados de Onda Corta que me hacían asociarlos con la última vez que fui con Silvia y su mamá a la playa, que fue en 2004, en Naplo.
-Compartir con Silvia la videoteca de mi casa que tantos años me tomó formar poco a poco.
-Tener nuestro primer hijo o hija antes de la próxima Navidad, para lo cual lo concebiríamos a más tardar antes del inicio de marzo; lo más apropiado hubiera sido concebirlo justamente el 14 de febrero, Día de los Enamorados, después de haber pasado el día en la playa.
-Casarme con Silvia y dedicar mi vida por entero a su felicidad, como bien lo hice desde que nos conocimos.

 Videoteca en la sala de mi casa: Centro de video y cine en casa (VHS y DVD). Lo mejor a todo color: películas, series, documentales y dibujos animados. Todo esto también planeaba yo compartir con mi amada Silvia, como se ve en la imagen.

La casa de Silvia estaba en Surquillo, en la urbanización La Calera, una zona tranquila y privilegiada, pues estaba cerca de zonas de especial interés para cualquier artista. Barranco es el distrito de los artistas de Lima, por el cual yo soñaba con pasear con Silvia, frecuentar el ambiente artístico de allí y desarrollarme musicalmente junto con ella. También estaba cerca del Paseo La Castellana, donde estaba la Escuela de Música Contemporánea Master Music (www.escuelamastermusic.com.pe), en la cual esperaba yo en un futuro cercano llegar a trabajar, viviendo con Silvia en su casa, ya casados. También me gustaba mucho Surco Antiguo, zona parecida a Ate Vitarte, semirústica, campestre y fascinante, que tiene viñedos y en la cual se celebra la Fiesta de la Vendimia, que hace que Surco Antiguo sea como una versión limeña de Ica, ciudad a la cual justamente conduce la Carretera Panamericana Sur, que pasa por Surco. Yo tenía planeado llegar a pasear por Surco Antiguo tomado de la mano con mi amada Silvia y visitar y frecuentar con ella las tres Estaciones del Conocimiento, bibliotecas públicas construidas en antiguas estaciones del Ferrocarril del Sur, cada una de las cuales tenía un vagón de tren habilitado para navegar por Internet.

Cita de Héctor y Silvia en uno de los restaurantes del Mirador de Barranco, escuchando jazz contemporáneo y compartiendo ese momento tan especial frente al mar... 1)... una cálida tarde de verano, compartiendo la "happy hour" y contemplando la puesta de sol (sunset). 2)... una cálida noche de verano, contemplando la puesta de luna (moonset).

 
Detalle de Héctor y Silvia, muy linda y seductora con su hermoso vestido rojo de gala con el que lucía su delgadez y hermosura que tanto encantaba a Héctor.

    
Silvia abrazándose con Héctor, muy enamorados mutuamente. Boda civil de Silvia y Héctor.

Silvia y Héctor besándose en el balneario de Naplo.

Silvia y Héctor en la cafetería del instituto musical AMS Campus. www.amscampus.edu.pe

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